
La resistencia a los antimicrobianos: problema mundial que requiere acción urgente Las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas, el sarampión, el sida, el paludismo y la tuberculosis causan más del 85% de la mortalidad por infecciones en el mundo (3). La resistencia de los agentes infecciosos respectivos a los medicamentos de primera línea va desde cero hasta casi 100% y, en algunos casos, la resistencia a los fármacos de segunda y tercera línea afecta significativamente el resultado del tratamiento. A esto se agrega la importante carga de enfermedad que representan en todo el mundo las infecciones nosocomiales resistentes; los nuevos problemas que plantea la resistencia a los fármacos antivirales, y los problemas crecientes de resistencia a los medicamentos entre las enfermedades parasitarias, como la tripanosomiasis africana y la leishmaniasis. El aumento masivo del comercio y los movimientos humanos como consecuencia de la globalización han permitido que los agentes infecciosos, incluidos los farmacorresistentes, se propaguen rápidamente. Si bien en los países más ricos, en gran parte, todavía se puede confiar en la eficacia de los medicamentos antimicrobianos más nuevos para tratar las infecciones resistentes, en muchas otras partes del mundo el acceso a tales fármacos a menudo es limitado, cuando no se carece de ellos del todo. Por lo tanto, urge tomar acciones, según se describe a continuación.
La aparición implacable de la resistencia a los antimicrobianos afecta el costo de la atención de la salud en todo el mundo. Asimismo, la pérdida de eficacia de ciertos tratamientos por causa de la resistencia a los antimicrobianos aumenta el sufrimiento humano, contribuye a la pérdida de productividad y, a menudo, a la mortalidad.
Si bien la información sobre el costo de la resistencia es escasa (4), hay cada vez más consenso sobre los siguientes puntos:
• En muchas regiones, es tan alta la tasa de prevalencia de la resistencia a los fármacos que se encuentran más al alcance de la mano y son más
baratos, que la eficacia clínica de tales medicamentos ya es limitada.
Esto presenta decisiones difíciles. Por un lado, se puede gastar el dinero en fármacos baratos pero ineficaces. Por otro, se podría utilizar medicamentos más eficaces y más caros para dar tratamiento a una fracción de la
población que lo necesita. La tercera opción es aumentar el gasto en atención de la salud.
• Cuando el tratamiento no es eficaz, suben los costos, debido a que se prolonga la enfermedad y aumenta la frecuencia y el período de las hospitalizaciones. Además, los agentes patógenos resistentes presentes en el ámbito hospitalario generan infecciones nosocomiales, el control de las cuales es caro y su erradicación, extremadamente difícil.
• La utilización de fármacos antimicrobianos fuera del ámbito de la medicina humana también tiene repercusiones en la salud de las personas.
La prevalencia de microorganismos resistentes entre animales destinados al consumo humano tiene graves consecuencias de índole financiera, tanto para el productor agropecuario como para el consumidor.
Los agentes patógenos resistentes presentes en algunos productos alimentarios, especialmente en la carne, pueden causar infecciones humanas cuyo tratamiento es difícil. A esto se aúna la pérdida de confianza del público en la inocuidad de los alimentos, que afecta la demanda de tales productos y tiene consecuencias potenciales graves para el sector agropecuario.
La resistencia a los antimicrobianos también atenta contra otros avances en el campo de la atención de la salud. Como ejemplo cabe mencionar que la infección concurrente con VIH y otros agentes patógenos resistentes, por ejemplo, los de la tuberculosis, salmonelosis y otras infecciones de transmisión sexual, puede llevar a un avance rápido de la enfermedad del individuo infectado; también puede tener un efecto multiplicador en la difusión del agente patógeno resistente al resto de la población. Como consecuencia de esta situación, aumenta la presión sobre los recursos de atención de la salud. En algunas regiones, la aparición de la resistencia a los antimicrobianos se considera una amenaza futura considerable a la seguridad y estabilidad política nacionales.
A partir de la Resolución sobre la Resistencia a los Antimicrobianos de 1998 (1), la OMS ha trabajado con diversos colaboradores para desarrollar la Estrategia Mundial de la OMS para Contener la Resistencia, a la cual a lo largo de este documento se llamará Estrategia Mundial de la OMS. La estrategia tiene por objeto proporcionar a los Estados Miembros un marco de referencia de intervenciones para estimular la prevención de la infección, desacelerar la tasa en que surge la resistencia y reducir la propagación de microorganismos resistentes, todo con el fin de reducir las repercusiones de la resistencia en la salud y los costos de la atención
sanitaria. Simultáneamente se espera mejorar el acceso a los fármacos existentes y estimular la formulación de nuevos agentes antimicrobianos. La estrategia se funda en la opinión de expertos en la materia, en información publicada sobre el tema y su análisis realizado por encargo y en deliberaciones de entes nacionales e internacionales (Anexo B) sobre los factores clave que contribuyen a la resistencia a los antimicrobianos y las
intervenciones que la podrían llegar a contener. Estos insumos sirvieron para elaborar una serie de recomendaciones con los objetivos enunciados anteriormente.
La parte B de este documento presenta un resumen de la documentación que sirve de base a estas recomendaciones. Cabe destacar que aún queda mucho por aprender sobre la relación entre los factores que contribuyen a la aparición y propagación de la resistencia y la optimización y eficacia en relación con el costo de las buenas intervenciones. No obstante, la urgencia de la situación llama a avanzar en la aplicación de la Estrategia Mundial de la OMS con base en la evidencia de la que se dispone actualmente.
fuente : http://www.antibioticos.mscbs.gob.es/
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